El paisaje andino acoge un mundo de mitos y misterios, de creencias mágicas sobre la relación del hombre con la naturaleza y el cosmos, en el cual las comunidades indígenas han luchado durante siglos por su libertad y reivindicación social; este contexto es aquel que ha permitido la concepción de una literatura profunda e innovadora, representación de la identidad compleja de un pueblo mestizo, en la que los elementos fantásticos son parte de la búsqueda de la relación ancestral de la cultura hispanoamericana con las civilizaciones precolombinas. Noé Jítrik parte, en su ensayo Destrucción y formas de la narración, de la figura de César Vallejo y su arte poética, tanto en la construcción de identidad como de su voz lírica, para determinar el principio del autocuestionamiento por medio de la apropiación de la realidad: la poesía nace del conflicto entre el ser humano y su realidad, de su transmutación en el lenguaje. A nivel narrativo, el legado del realismo social de inicios del siglo veinte adquiere madurez pasados los años cincuenta, época donde encontramos grandes representantes de la literatura peruana indigenista, cuyas obras, La Tumba del Relámpago y Los ríos profundos respectivamente, son el objeto de análisis de este ensayo: Manuel Scorza y José María Arguedas.
“… Los ríos profundos de de José María Arguedas libro donde yo podía haber habitado porque ese maestro hablaba por mí y por todos los tristes del Perú…” Manuel Scorza
“… Los ríos profundos de de José María Arguedas libro donde yo podía haber habitado porque ese maestro hablaba por mí y por todos los tristes del Perú…” Manuel Scorza

No hay comentarios:
Publicar un comentario